Cristo entró en la historia por mediación de María. Por eso tu relación con ella no puede ser un accesorio en la vida cristiana, sino una necesidad vital. La Iglesia te invita a vivir intensamente la relación con María: conócela, defiéndela, ofrécele cada día una flor, una expresión de amor filial. Es recomendable rezar el rosario, la oración que nos ayuda a pensar en Jesús desde el corazón de María. Pasando por cada uno de los misterios de la vida de Cristo, repitiendo el saludo del ángel, Ella nos enseña a contemplar a Jesús. No hay mejor forma de vivir todos los meses del año; todos los de nuestra vida. Conoce a tu Madre, vuelve con Ella: te está esperando con los brazos abiertos.

El Concilio Vaticano II  enumera tres pasajes en el Antiguo Testamento que, en un sentido verdaderamente bíblico, hablan de María: Gén 3, 15; Is 7, 14; Miq 5, 2.

Génesis 3, 15: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje; Ella te pisará la cabeza, mientras tú acechas su calcañar".

Con esta primera profecía, comienza la historia de la salvación. El hombre tentado por el maligno ha optado por la desobediencia al Dios que lo ha creado. El mal, la muerte y la enfermedad han entrado al mundo por la desobediencia de la mujer y de su esposo. Se ha cerrado el Paraíso. Para el hombre alejado de su creador comienza el caminar "por el valle de lágrimas". Dentro de este contexto tan sombrío, surge la profecía, la primera palabra de un Dios que es, en su esencia, amor. En esta profecía -repito, la primera-, está involucrada por primera vez y en forma misteriosa "la mujer"  que estará en perenne lucha contra el enemigo del hombre y sus huestes, y con ella la gran promesa: Su linaje o descendencia derrotará a la serpiente antigua, pisándole la cabeza. Cuando a una serpiente se le pisa la cabeza, se le despoja de todo poder y se le reduce a la impotencia; esto sucederá por esta "mujer" que sin duda alguna es María, cuyo linaje (Cristo) pisoteó a la serpiente (Satanás) y quien tuvo una enemistad perfecta con la serpiente, pues nunca pecó.

Si alguien no quiere saber nada de la Virgen, y la quiere sacar de la historia de la salvación, entonces también saquemos a Eva… ¿Serías capaz de contar la historia del pecado sin hablar de Eva? ¿¡Verdad que NO!?... Pues, entonces, también es imposible hablar de la historia de la salvación sin hablar de María.

Isaías 7, 14: "Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que la Virgen está encinta y va a dar a luz a un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel".

Isaías, en esta profecía mesiánica por excelencia, va a ampliar los datos sobre la Mujer del Génesis 3, 15. Esta Mujer va a ser virgen y va a dar a luz un hijo varón en su virginidad. Los Evangelios de San Mateo  y San Lucas  dejan esto bien claro cuando para describir a María, utilizan la Palabra Griega "Parthenos" o sea Virgen. El único signo dado a Israel para reconocer al Mesías, es que nacería de una madre virgen. Más adelante, en la sección de apología a la devoción mariana, se tratará este texto más extensamente.

Miqueas 5, 2: "Por eso si Yahvé los abandona, es sólo por un tiempo; hasta que aquella que debe dar a luz tenga a su hijo, entonces volverán a Israel los desterrados".

El profeta Miqueas nos vuelve a hablar de la mujer, esperanza de Israel y que al traer al Mesías pondrá fin a su cautiverio. Semejante a si una madre prohibiera a su hijo comer dulces hasta que llegue su padre. En este caso "su padre" sería la esperanza, sin embargo lo que verdaderamente le importa son los dulces. Lo mismo sucede en este texto: María es la esperanza de Israel, sin embargo lo es porque va a dar a luz al Mesías.

María en el Nuevo Testamento

La Santísima Virgen acompañó a su Hijo Jesús durante toda su vida, desde la anunciación, hasta su muerte en la cruz, y más allá, estuvo también en el inicio de la Iglesia animándola a la espera de Pentecostés. Ciertamente ella no fue una simple mujer más, como muchos pretenden considerarla. Veamos algunos textos bíblicos que hablan de María específicamente, en el Nuevo Testamento. Por su extensión, no reproduciremos aquí esos textos, pero invitamos a los lectores a consultarlos en su Biblia.

Lucas 1, 26-38: En este relato Evangélico, se resaltarán  los siguientes aspectos:

San Lucas en su Prólogo 1, 3 nos dice: "Varias personas han tratado de narrar las cosas que pasaron entre nosotros, a partir de los datos que nos entregaron aquellos que vieron y fueron testigos desde el principio y que luego se han hecho servidores de la Palabra. Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mi me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo". 

Vemos que San Lucas se esforzó en ponerlo todo en orden, y al hacer esto encontró el "hágase" de María. Así mismo, cuando en el Antiguo Testamento las personas querían contar, ordenadamente, qué fue lo que sucedió y dónde empezaba todo, tenían que llegar a Abrahán. 

Cuando en el Nuevo Testamento se habla de San Pablo, de Apóstoles, de milagros, etc., la pregunta lógica que surge es ¿dónde comienza esto? Si nosotros queremos saber dónde empezó todo y cuál fue el comienzo del cristianismo, debemos llegar a María. Así como sin Abrahán no se entiende la Antigua Alianza, sin María no se entiende la Nueva Alianza.

San Lucas nos dice, también, que recurrió al origen de los datos de las personas que fueron Testigos de los hechos y esta afirmación nos lleva a María, pues sólo ella fue "testigo" de la anunciación que él relata a continuación.

• "A una joven virgen". San Lucas relaciona e identifica a esta joven con la profecía de Isaías 7, 14.

• "Desposada con un hombre llamado José, de la familia de David". El Mesías debía ser de la casa de David, pues la promesa de Dios habría de cumplirse. 

• "Y el nombre de la Virgen era María". Dos veces utiliza Lucas el título de Virgen, para que no quede duda de la situación de María y de su relación con la profecía de Isaías. 

• "María", hermoso nombre que quiere decir, entre muchos otros significados, "Señora".

• "El ángel le dijo: Llena de gracia". "Llena de Gracia" en Griego "Kecharitomene" que significa "tener la plenitud de la gracia", pues viene de un verbo de modo pasivo perfecto que indica continuación de una acción completa. Palabras que ningún mortal había escuchado de Dios anteriormente. 

• "No temas María, porque has encontrado Gracia ante Dios". Puede que hoy en día María no encuentre gracia ante muchas personas; pero lo importante es que ante Dios sí encontró Gracia. Lo más triste es que muchas de estas personas ante las que María no encuentra ninguna gracia dicen amar a Dios, sin embargo, se obstinan en ver en María una mujer cualquiera, aunque, repito, para Dios haya encontrado Gracia.

• "¿Cómo podré ser Madre, si no tengo relación con ningún hombre?" Recordemos que en este momento María, estaba desposada con José, pero todavía faltaba la celebración de las nupcias (segunda parte del rito del matrimonio Judío), donde el esposo se llevaba a su esposa a su casa. Lo más lógico es que María hubiese relacionado lo que el Ángel le estaba diciendo con la futura convivencia con su esposo José… ¡Pero no lo hace!, pues María había consagrado su virginidad al Señor, por eso le responde al Ángel sorprendida, pues lo último que pensaba era perder su virginidad.

• "El Espíritu Santo, descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Aquí se sitúa a María, definitivamente, como posesión de Dios. En Éxodo 3, 5, el Señor manda a descalzarse a Moisés, pues está pisando "Tierra Santa". ¿Por qué esta tierra era Santa? Porque la sombra de Dios daba en ella desde la zarza. En Éxodo 19, 10-14, Yahvé va a bajar al Sinaí en medio de la nube; esta montaña es santa porque la nube de Dios ha dado sombra en ella, por lo tanto nadie debe tocar la montaña o morirá, es posesión de Dios. En 2 Samuel 6, 6-7, Uzzá muere por tocar el Arca de Dios, esta Arca era santa porque la sombra de Dios o la "Shekina" venía sobre ella. Sobre María desciende esta Nube y Ella queda hecha posesión de Dios, santificada por su sombra para siempre.

• "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su Palabra". Con esta frase entra la salvación al mundo. Si por la desobediencia de Eva entró la perdición al mundo, con la obediencia de María entra la salvación. No se puede hablar de la "Caída" sin hablar de Eva, ni se puede hablar de la "Salvación" sin hablar de María. En María se arregla lo deshecho por Eva. En la obediencia de María se comienza a cumplir la profecía de Génesis 3, 15. Con esta aceptación, María se constituye en la persona que más relación ha tenido con la Divinidad, en toda la historia.

¿Adoran los católicos a María?

¡Los Católicos no adoran a María! ¡Nunca lo han hecho y nunca lo harán!; Quien diga que adora a María, no conoce la doctrina de la Iglesia a este respecto, y ¡no es católico! La Iglesia no se cansa de proclamar que nosotros honramos a María como lo hacía Jesús, la alabamos "pues la mujer que teme al Señor debe ser alabada" (Prov. 31, 30), y la proclamamos bendita, cumpliendo la profecía bíblica (Lc 1, 48); pero la adoración es única, propia y exclusiva de Dios.

¿Se le debe dar el título a María de  "Madre de Dios"? 

¡Por supuesto! Pues es bien dado bíblicamente. Es el Espíritu Santo quien se lo da por boca de Isabel (cuando el Espíritu Santo habla, hay garantía de no fallar). 

En San Lucas 1, 43, Isabel llena de Espíritu Santo, llama a María « Madre de mi Señor ». Esta palabra "Señor" con S mayúscula, se traduce del Griego "Kyrios" que es la traducción griega del "Adonai"  hebreo, luego, el Espíritu Santo está llamando a María « Madre de Adonai » o sea Madre de Dios. 

Esta misma palabra "Señor" (Kyrios) es utilizada por la Virgen unos versículos después para decir: "Proclama mi alma la grandeza del Señor" (Lc 1, 46).

No quiere decir que María ha creado a Dios, quiere decir que llevó en su vientre y encarnó (dio carne) a la segunda persona de la Trinidad. Ya en el Siglo III Orígenes la llamaba la Theotokos ("θεοτοχον" Madre de Dios, en Griego). Jesús como Dios es increado, pero es Encarnado en el vientre de una mujer, por lo tanto ésta es Madre terrenal de Dios.

Hasta el mismo Martín Lutero, padre del protestantismo, reconocía a María como "Madre de Dios". 1

Algunos dicen que María solo fue Madre de Jesús-Hombre.

En Teología se habla de la « Unión Hipostática » o sea de que en Jesús no se puede sep arar la naturaleza humana de la Divina, pues están unidas intrínsecamente (doctrina común en todas la Iglesias Cristianas). Decir que María es la Madre de Jesús solamente es caer en la herejía llamada « Monarquianismo dinamístico » u otra llamada « Adopcionismo » ambas del siglo IV y condenadas por la Iglesia 2 . Luego, al existir en Jesús una unión « Hipostática », es decir, al no poderse separar las dos naturalezas de Jesús, María dio a luz NO sólo la parte humana de Cristo, sino a toda la Segunda Persona de la Trinidad llamada a partir de este momento « El Hijo ». Además de esto ya vimos que Isabel llama a María "Madre del Señor", es decir, "Madre de Dios".

¿Fue María siempre Virgen? 

* VIRGINIDAD = "SEÑAL"

La Iglesia, desde los primeros tiempos, conservó esta tradición. San Agustín decía en el siglo IV: « María fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante su embarazo, Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre ». Resulta extraño, que tantos hermanos evangélicos, tengan tanta dificultad de reconocerlo, pues aun los fundadores del Protestantismo -propagadores de la « sola scriptura »-, Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrich Zwinglio, reconocían la virginidad perpetua de María como una enseñanza bíblica, y así lo transmitieron. Lutero, ya protestante, la llama en su catecismo, la "Siempre Virgen María".

Negando la virginidad de María, afirmamos, en cierto modo, que Jesús era un farsante, pues el signo de su  mesianismo, era la "Virginidad" de una mujer, y si ésta la perdía ¿cómo podrían reconocer a Jesús como Mesías?:

El mismo Señor les dará la señal: "He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel, esto es'Dios con nosotros'". Isaías 7, 14

Si aceptamos a Jesucristo como el Mesías prometido al pueblo de Israel, y como Nuestro Salvador, no podemos hacer otra cosa que aceptar la VIRGINIDAD perpetua de María. Pues esta SEÑAL -la virginidad-, es la garantía y el signo dado de la autenticidad del Mesías, y todos sabemos que si una señal pierde su sentido, deja de ser señal, y lo que significaba -en este caso, autenticidad del Mesías- ya no sería cierto.

Por otra parte, en Israel los objetos consagrados a Dios eran sólo de Su uso exclusivo; por ejemplo, los vasos cultuales eran nuevos, sin usar o « vírgenes » y después de utilizados al ser desechados se enterraban en el área del Templo para que nadie los utilizase de nuevo, pues eran posesión de Yahvé. El Arca de la Alianza no podía ser tocada por nadie y quien la tocaba moría, ya que esta era propiedad de Yahvé y su sombra « descendía sobre ella » al igual que en María (Lc 1, 35).

"Y Yahvé me dijo: "Esta puerta permanecerá cerrada. No se abrirá, y nadie pasará por ella, pues a través de ésta ha pasado Yahvé, el Dios de Israel. Quedará, pues, cerrada". Ezequiel 44, 2.

Sin duda alguna, por donde pasa Dios todo queda Consagrado y Sellado, de tal manera que por nadie más se pueda utilizar. Por eso, María, permaneció siempre Virgen, pues por ella había pasado el Señor.


1.) Al llamar [a María] « Madre de Dios » se compendia todo su honor y nadie puede decir algo más grande…" (« Das Magníficat », W 7, 572-573).

2.) Esta doctrina provocó tres sínodos -en Ratisbona (792), en Frankfurt (794) y en Aix-la-Chapelle (799)-, en cada uno de los cuales el adopcionismo fue condenado por herético.