Carta desde la Misión Edición 30

En la actualidad hay en la Iglesia, pastores y laicos que mantienen opiniones contrarias al Magisterio de siempre y dicen que una persona puede vivir en una situación matrimonial “irregular” (léase adulterio) y al mismo tiempo, estar en gracia de Dios, y como consecuencia pueden recibir los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía.

 

A propósito de esto, Santa Hildegarda de Bingen tuvo una visión, citada por el Papa Emérito Benedicto XVI a la Curia romana con ocasión de la Navidad de diciembre de2010:

«En el año 1170 después de Cristo estuve en cama, enferma durante mucho tiempo. Entonces, física y mentalmente despierta, vi una mujer de una tal belleza que la mente humana no es capaz de comprender. Su figura se erguía de la tierra hasta el cielo. Su rostro brillaba con un esplendor sublime. Sus ojos miraban al cielo. Llevaba un vestido luminoso y radiante de seda blanca y con un manto cuajado de piedras preciosas. En los pies calzaba zapatos de ónix. Pero su rostro estaba cubierto de polvo, su vestido estaba rasgado en la parte derecha. También el manto había perdido su belleza singular y sus zapatos estaban sucios por encima. Con gran voz y lastimera, la mujer alzó su grito al cielo: “Escucha, cielo: mi rostro está embadurnado. Aflígete, tierra: mi vestido está rasgado. Tiembla, abismo: mis zapatos están ensuciados”.

Y prosiguió: “Estuve escondida en el corazón del Padre, hasta que el Hijo del hombre, concebido y dado a luz en la virginidad, derramó su sangre.  Con esta sangre, como dote, me tomó como esposa.

Los estigmas de mi esposo permanecen frescos y abiertos mientras estén abiertas las heridas de los pecados de los hombres. El que permanezcan abiertas las heridas de Cristo es precisamente culpa de los sacerdotes. Ellos rasgan mi vestido porque son transgresores de la Ley, del Evangelio y de su deber sacerdotal. Quitan el esplendor de mi manto, porque descuidan totalmente los preceptos que tienen impuestos. Ensucian mis zapatos, porque no caminan por el camino recto, es decir por el duro y severo de la justicia, y también porque no dan un buen ejemplo a sus súbditos.  Sin embargo, encuentro en algunos el esplendor de la verdad”.

Y escuché una voz del cielo que decía: “Esta imagen representa a la Iglesia.  Por esto, oh ser humano que ves todo esto y que escuchas los lamentos, anúncialo a los sacerdotes que han de guiar e instruir al pueblo de Dios y a los que, como a los apóstoles, se les dijo: ‘Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’” (Mc  16,15)» (Carta a Werner von Kirchheim y a su comunidad sacerdotal: PL 197, 269ss)

En este momento de la historia de la Iglesia una escena de los Evangelios salta a la mente, una cuyo profundo sentido muchos de nosotros estamos experimentando de manera nueva y muy personal.

«Ahora bien, sobrevino una gran borrasca, y las olas se lanzaron sobre la barca, hasta el punto de que ella estaba ya por llenarse. Mas Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Entonces Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla; sosiégate!»   Y se apaciguó el viento y fue hecha gran bonanza. Después les dijo: «¿Por qué sois tan miedosos? ¿Cómo es que no tenéis fe?» (Marcos 4, 37-40).

En estos momentos, al ver la Barca de Pedro vapuleada por las olas de la herejía y el escándalo, nos parece que Jesucristo duerme en medio de la tempestad que nos circunda. Aun así, debemos recordar que el poder de Jesucristo no es latente y que su atención sobre nosotros jamás ceja. El amor por su esposa es más profundo que el amor de cualquier hombre por su amada, Él la socorrerá en su angustia extrema.

Cuando presenciemos ataques por parte de aquellos que promueven doctrinas falsas, tengamos confianza, la gloria de la Santa Madre Iglesia, el esplendor de la Esposa Mística «que permaneció oculta en el corazón del Padre hasta que el Hijo del Hombre, que fue concebido y nació en la virginidad, derramó su sangre» volverá a brillar una vez más. Prevalecerá, sus ropas serán reparadas, sus zapatillas volvieran a brillar, su rostro quedará sin mancha y su resplandor quedará restaurado. Jesucristo duerme, más pronto se erguirá. ¿Por qué nos atemorizamos? ¿Acaso no tenemos fe?

Peregrinos de San Miguel Arcangel

Nacen como respuesta a una necesidad: orientar y animar a los cristianos a que vivan plenamente su fe en una sociedad compleja, impersonal y frágil. Y piensan que esto debe hacerse contribuyendo sobre todo a formar a quienes enseñan, informan, dirigen o ejercen algún liderazgo en la sociedad.

Ingles  Frances  Polaco

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